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El rumor ha ido cobrando vigor con el paso del tiempo: por inquietante que pueda resultar, el futuro del pop electrónico está en manos de dos jóvenes con aspecto de figurantes extraviados de un film ochentero procedentes de Bergen (Noruega), una localidad costera que en el pasado ya ha servido de cuna para proyectos como Röyksopp y los simon-garfunkelianos Kings of Convenience. Sin haber grabado siquiera un EP, ya actuaban en el escenario principal del Sónar barcelonés. Cuando grabaron por fin el EP, daban ya la vuelta al mundo de escenario en escenario. Y la leyenda crecía a su alrededor y hablaba de enloquecidos shows en su Bergen natal donde tan pronto podían tener como invitados a miembros de una banda local de ese black-metal que tanto gusta en tierras vikingas como a los orondos (y seguro que barbudos) componentes de un coro masculino dedicado a la música tradicional noruega. Ahora, de la mano de Nettwerk, ha llegado la hora de poner las cartas sobre la mesa y demostrar que tanta expectación y encendidos rumores tenían su justificación. El homónimo debut de los noruegos es el paraíso hecho álbum para nostálgicos del electro-rock de ascendente ochentas. O lo que es lo mismo, para todos aquellos a quienes se les humedecen los ojos de emoción al encontrarse en sus estanterías con sus viejos discos de Talking Heads y Devo. De unos y otros bebe, y en considerables dosis, la música de Datarock. Electrónica de espíritu bailable y cáscara punkoide que gusta de enmascararse con el disfraz de delicia pop. Pues lo dicho, Talking Heads y Devo. Pero aunque tengan aspecto, Fredrik y Ket III (Datarock) no son replicantes. Sus influencias quizás son obvias, pero también lo son los rasgos que les confieren una personalidad única. Funk. Reflejos de esas bolas de espejo que colgaban del techo de las discotecas (¿tienen algún otro nombre?). Fiebre del sábado noche. Rolands y samplers. Humor, no estupidez, no tontería, humor. Baile. Mucho baile. Hoy parecen histéricos mitómanos de David Hasselhoff, mañana serán reyes
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